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“Estamos en la última fase de desarrollo y encontrando muchos defectos, así que podremos entregar el producto en breve”…

Más de una vez he oído algo así como “todo el mundo está trabajando duro, encontrando defectos a porrillo, así que podremos entregar el producto en breve”. Esto suele decirse bajo la asunción implícita de que “los encontramos tan rápido que acabaremos con la mayoría en un plis plas”.

Pues no, la práctica demuestra todo lo contrario, si estás encontrando muchos defectos es casi seguro que quedan muchos más.

Si uno pesca muchos peces, puede asumir que probablemente quedan muchos: que vayamos a acabar con ellos en breve es una asunción bastante arriesgada -a menos que tengamos información adicional que apunte a ello.

De hecho, solo si uno encuentra cada vez menos peces debe empezar a preguntarse si acaso no está pescando los últimos. Vamos, que encontrar muchos peces solo prueba que hay o había muchos, ¡no que quedan pocos!

Pues con los defectos pasa lo mismo: si uno sigue encontrando muchos defectos lo más probable es que queden muchos más.

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La importancia de ir a la raíz de las cosas: un ‘gran resultado’ que es síntoma de un gran problema

Hace un par de semanas recordé una anécdota que si no recuerdo mal (no estoy 100% seguro) contaba Steve Maguire en su libro Debugging the Development Process, un libro con muchos años pero que aún resulta refrescante y relevante.

La cosa era que un programador había conseguido cierto prestigio como una especie de crack de la depuración porque encontraba una cantidad de defectos increíble…hasta que de un modo u otro se descubrió que ello era debido a que simplemente producía muchos defectos. Y es que cuando hay muchos peces en el estanque es fácil conseguir una buena pesca.

En este caso se había asumido que el hecho de encontrar muchos defectos era un gran resultado, cuando en realidad no era más que el síntoma de un gran problema.

La lección que uno puede sacar de esta anécdota es que no hay que dar por cierto casi nada, y que uno siempre debe mirarlo todo con ojos críticos (que no criticones). Y, en particular, que uno debe buscar siempre la causa raíz de las cosas.

Cuando uno se quema con la leche…

Pues eso, que cuando uno se quema con la leche, a veces ve una vaca y llora.

En ocasiones resulta conveniente no aventurarse a hacer cambios “a ver si funcionan, en plan ensayo”. Y no por miedo al fracaso hoy (del error se aprende y el feedback es vital),  sino para evitar que si lo volvemos a intentar mañana haya heridas que se reabran y destruyan las posibilidades de éxito.

Así que si uno intenta introducir SuperAgile (el imaginario proceso que agiliza más ágil) sin las suficientes garantías y la cosa no funciona, quizá ello haga difícil o casi imposible introducir SuperAgile más adelante.

Y eso puede ser así incluso aunque el segundo intento se lleve a cabo con todas las garantías. Incluso con todo el coaching del mundo, toda la dirección de la empresa alineada y un par de monitores de 30″ para todos, hemos de tener cuidado con lo que pasará cuando los que se quemaron ayer con SuperAgile se tomen otra dosis hoy.

Así que antes de comenzar algo sin todas las garantías, asegúrate de que si no funciona hoy no vas a dejar un campo de minas que impida reintentarlo mañana. Es posible que descubras que vale la pena aplazar la cosa un tiempo, hasta que tengas (más) viento en las velas -¡o no!

La cuestión es planteárselo explícitamente y tomar una decisión informada. Si vamos adelante, que sea tras un buen análisis de riesgos.

Mejor que hacer algo nuevo…

Mejor que crear algo nuevo es asegurarnos que no tenemos roto algo que ya funcionaba. Aunque el juguete nuevo, que tendremos mañana  (¿seguro?), será más bonito.

O sea:

Cancela dos proyectos que no funcionan, en lugar de impulsar uno nuevo que seguro (¿seguro?) que funciona.

Deja de utilizar un par de prácticas que no funcionan, en lugar de añadir otra que funcionará (mañana).

Antes de añadir un item a la lista asegúrate de quitar otro. Mejor aún, quita dos…Puestos, ¿qué tal si no añadimos ese otro?

Simplifica antes de avanzar.

No estoy diciendo que no avancemos hacia el futuro, sino que antes de hacerlo nos aseguremos de que no nos cargamos el presente. Y distingamos entre  avanzar hacia el futuro y  huir hacia el mismo: misma parada, sí, pero diferentes destinos.

Pues eso…