Cambio de discos y reinstalación de GRUB2 en el MBR

Este mes ha tocado renovar infraestructura, e instalar un SSD más grande para las máquinas virtuales con mis proyectos, que siempre tengo en un disco extraíble conectado vía eSata/USB 3.0: de este modo siempre puedo trabajar en casa, con mi portátil, o en máquinas de terceros.

El nuevo SSD es un Sandisk Extreme de 480 Gb, con el doble de espacio que el Samsung 830 donde residían las máquinas virtuales, que ha ido a convertirse en el disco principal, sustituyendo al “viejo” Intel X25-M de 160 Gb.

Migración a un nuevo disco

La migración del disco viejo al nuevo ha ido sin problemas, tanto las particiones de Windows como las de Linux.

Para migrar el disco utilicé Paragon Backup & Recovery, escogiendo hacer una copia completa de todo el disco, ya que la copia partición a partición me dio problemas.

El único inconveniente fue tener que restaurar Grub en el MBR, que es quien se encarga de permitirme decidir si arranco con un sistema operativo o con otro.

Reinstalar Grub

Para restaurar Grub tuve que dar los siguientes pasos:

  • Arrancar con el CD del Linux que tengo instalado e irme a la línea de comandos.
  • Averiguar cuál es el disco donde se encuentra Linux: para ello, basta con listar los dispositivos, con ls /dev/sd?. En mi caso, el disco era sda
  • Averiguar cuál es la partición donde reside Linux: para ello, basta con mirar las particiones del disco, con cfdisk /dev/sda. En mi caso era sda5
  • Montar dicha partición: install -d /mnt/z y luego mount /dev/sda5 /mnt/z
  • Reinstalar grub: para ello, grub-install --root-directory=/mnt/z /dev/sda

Una vez hecho esto, bastó con arrancar de nuevo, y voilá -a pesar de algunos mensajes de queja del sistema.

Rendimiento

Tengo que confesar que no he notado ninguna diferencia en la velocidad entre el Sandisk, el Samsung (ambos SATA III) y el Intel, este último de una generación anterior y SATA II.

Y es que los SSDs de las dos/tres últimas generaciones, aunque bastante diferentes en prestaciones en la teoría, no muestran ninguna diferencia notable en el día a día de un desarrollador, ni aún cuando tengo dos o tres máquinas virtuales en marcha.

A decir verdad, no es algo que no esperase: de hecho, el cambio de discos ha venido motivado por la necesidad de tener mayor espacio, no por un tema de rendimiento.

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